José Emilio Pacheco

- José Emilio Pacheco

sábado, 22 de septiembre de 2012

Otro luto

Hace una semana me enteré de la muerte de una mujer con quien me gustaba platicar, aunque eso —en sentido estricto— implicaría un diálogo, así que debería precisar que murió una mujer a quien me gustaba escuchar.

Lo que más me entristeció de la noticia no fue únicamente su muerte, sino pensar en todas las historias que se llevó consigo, aquellas que nunca contó.

Tal vez esa egoísta sensación sea sólo reflejo de uno de mis miedos más internos: morir sin decir todo lo que llevo dentro.

Sin importar forma y fondo, me gustaría saber que mis pensamientos y vivencias han escapado de a poco para ser escuchados —o leídos— por otros, aunque no permanezcan en nadie.

Guardo hasta hoy el luto más pequeño que alguien puede tenerle: la sensación de saber que no pude rescatar lo único que podía dejarme, sus historias.

1 comentario:

  1. Son pocos los arrepentimientos, las culpas que no se diluyen poco a poco, a lo largo de la vida. Que permanecen. Yo tengo una: la de no haber escuchado de mi abuelo todo lo que pude escuchar. No diré "lo que debí", porque lo que se perdió fue la posibilidad de hacerlo, no un compromiso, no una obligación.

    Las personas se van irremediablemente. Las historias también. A unas, a otras, nadie las traerá de vuelta. Excepto aquellos en quienes permanecen.

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